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martes, 9 de febrero de 2016

125 AÑOS DEL NACIMIENTO DE LUIS E. VALCARCEL



 Este 8 de febrero se cumplen 125 años del nacimiento de Luís Eduardo Valcárcel Vizcarra. Hombre fecundo, estudioso del pasado peruano, sus investigaciones le permitieron darle al Perú una nueva visión de sus fundamentos históricos. Profesor universitario, ejerció durante el gobierno de José Luís Bustamante y Rivero su única participación en la vida política de la nación como Ministro de Educación.
Valcárcel nace en Ilo un 8 de febrero de 1891 "en una casa de bajos frente al mar”. A la edad de un año sus padres, los moqueguanos Domingo Luciano Valcárcel y Leticia Vizcarra Cornejo, lo trasladan junto a ellos hacia el Cuzco, ciudad donde vivió hasta inicios de la década de 1930. Es quizá por ello que Valcárcel no reivindica sino en contadas ocasiones sus orígenes moqueguanos. En una entrevista reconoce con franqueza: "Nací en Ilo, y lo digo porque tengo que decirlo, pero toda mi vida la pasé en el Cusco." En sus memorias dice al respecto: “Yo había nacido a orillas del mar, de manera que había sido ileño y por consiguiente partidario del mar pero resulté en la sierra y partidario de la montaña. Ese fue el cambio que se operó..."
En el Cusco, desde muy pequeño, manifestaría su preocupación por la investigación y los sucesos del lugar y del Perú, a través de su inclinación periodística. "A una edad en que los niños imaginan mundos de fantasía, encontré un entretenimiento bastante particular: redactaba un periódico en miniatura que salía en manuscrito en dos pliegos de papel tamaño oficio y cuyo nombre era "El Toro" que luego cambiaría por "El Heraldo". Ya para segundo de secundaria, ofreció una disertación, la que puede considerarse como la primera manifestación de su vocación por la Historia.
En 1903 Valcárcel cursa estudios en el colegio jesuita de San José. Alumno siempre aplicado, desempeñaba además labores en “El Comercio” que abandonó para trabajar en “El Sol”. En 1908 ingresa a la Facultad de Letras de la Universidad San Antonio Abad. En 1913 funda junto a un grupo de universitarios el Instituto Histórico del Cusco que presidió. Tuvo destacada participación en la huelga que perseguía la Reforma Universitaria. Luís Eduardo pertenece a una generación que se le conoce con el nombre de Escuela Cusqueña, en cuyo seno nacería el germen del Indigenismo.
Con su tesis “Kon, Pachacamac, Wiracocha” concluyó sus estudios en la Facultad de Letras. Ese mismo año (1912) inicia sus estudios en la Facultad de Ciencias Políticas y Derecho y su actividad docente. Al año siguiente, con su tesis “La universidad del Cusco, su nueva organización” opta el grado de Doctor en la Facultad de Letras. Con su tesis “La cuestión agraria en el Cusco” opta el grado de bachiller en Ciencias Políticas y Administrativas. De 1916 es su tesis “Del Ayllu al Imperio” que le permitió optar el bachillerato en la Facultad de Jurisprudencia. En 1919 es elegido diputado por Chumbivilcas.
Valcárcel ocupó muchos cargos públicos, pero el más alto fue el de Ministro de Educación, puesto en el que fue designado por el Presidente Bustamante y Rivero, y cargo desde el que siempre se quejó por la intromisión política de la que fue objeto. Cultivó la amistad del Amauta Mariátegui a partir de 1924, quien le aconsejó que sea Luís Alberto Sánchez quien escribiera un colofón a su “Tempestad en los Andes”. Como él mismo lo dice, "Siempre afecto a la producción intelectual provinciana, Mariátegui recibió con interés ciertas descripciones de la vida serrana fruto de observaciones realizadas durante mis continuos viajes por la sierra cusqueña y puneña. El me animó a publicarlas reunidas en un volumen titulado "Tempestad en los Andes" parte del cual apareció en el número inaugural de "Amauta”. La amistad entre Valcárcel y José Carlos Mariátegui se inició en 1924, cuando el primero llegó a Lima con la finalidad de asistir al Congreso Científico Panamericano de ese año. A partir de esa oportunidad, cada vez que Valcárcel visitaba Lima, destinaba por lo menos una tarde para dialogar con Mariátegui, frecuencia que se extendió hasta 1 929, visitas que se suspendieron momentáneamente cuando en 1927 Valcárcel fue apresado. Grata fue la sorpresa de ambos al descubrir que eran moqueguanos.  “De manera que éramos paisamos sin saberlo efectivamente, como también lo era de Mariano Lino Urquieta, que fue arequipeño por adopción, como yo cuzqueño y Mariátegui limeño” escribió.
Impulsor de los estudios andinos, Valcárcel logró la fundación del Instituto de Etnología en la Universidad de San Marcos introduciendo oficialmente el aprendizaje de la Etnología en el Perú. Fue, además, Director del Museo de Cultura Peruana, cargo que desempeñó hasta 1964, fecha en que sufrió un síncope que se diagnosticó como espasmo arterial cerebral.
Haciendo un balance de su actuar, Valcárcel escribía en sus Memorias: "Me satisface comprobar que las energías me han acompañado más allá de lo que hubiera podido esperar. Me complace manifestar que he tenido arrestos para batallar hasta los últimos tiempos, en defensa de nuestros monumentos arqueológicos, demandando mayor preocupación por parte del Estado en lo referente a la investigación histórica, a la promoción y defensa de nuestros valores nacionales... Así mi vida ha llegado hasta 1981, a las puertas del siglo XXI, a estos tiempos en que se hacen apreciaciones más o menos seguras sobre lo que será el siglo próximo. Por eso me siento un hombre de tres siglos, nacido en el XIX, he vivido casi todo el siglo XX y ahora me preocupa lo que el XXI traerá al Perú..."
Hace ya muchos años ofreció una entrevista a la revista Opinión. En ella expresó entre otras ideas las siguientes: "Yo me siento con verdadero derecho de llamarme moqueguano. Nací en Ilo, de mi afecto. Es verdad que hemos estado distantes, pero los vínculos de mi familia han sido constantes, tanto en el Cuzco como en Lima. Siempre los moqueguanos y los ileños han estado en casa de mis padres... He tenido grandes deseos de volver a Ilo, pero no ha sido posible por estar prohibido de viajar por encontrarme delicado de salud. Estoy informado que el pequeño pueblo de Ilo ha crecido mucho..."
Han pasado 125 del nacimiento de esta ilustre ileño. Este es mi breve homenaje en su memoria.

miércoles, 17 de junio de 2015

NUESTRA SEÑORA DE LORETO



La presencia española en el valle de Ilo lo convirtió en uno de los más importantes productores de olivos de todo el virreinato aunque esta preciada oleaginosa se distribuyera por varios valles costeños y fuera del virreinato. Desde la hacienda Osmore y hasta la desembocadura del río muy rápido el curso inferior del río de Moquegua se pobló de extensos bosques de olivos cuya fama fue refrendada por diversos viajeros que tocaron y recorrieron el pueblo de San Gerónimo. Al olivo le siguieron el azúcar y el algodón siendo el primero de ellos otro de los productos estrella en el período colonial. Varias haciendas tuvieron extensas plantaciones de caña e implementaron trapiches para la obtención del azúcar y miel entre otras especias.
La hacienda Nuestra Señora de Loreto fue la más notoria en la producción del azúcar. Hacia 1767 esta hacienda era propiedad de los jesuitas afincados en Moquegua quienes se dedicaban al cultivo de tan dulce producto. Esta propiedad, luego de la expulsión de la orden pasó a la Administración Real de Temporalidades Jesuitas con sede en Arica, y cuyo interventor-administrador era el Teniente Corregidor de Ilo don Gregorio Peñaloza y Velarde.
Según lo reseña Lucho Cavagnaro, Loreto tenía dos sectores: una que se administraba directamente y otra que se alquilaba a diferentes conductores. La gran extensión correspondía al cultivo de la caña de azúcar, predilección de los jesuitas, además de alfalfa, que era otro lucrativo negocio cuya responsabilidad recaía en un mayordomo. En 1767, año en que los jesuitas empezaron a trabajar la hacienda el primer mayordomo fue Bernardo de Eyzaguirre que empezó sus labores un 14 de marzo cobrando un salario anual de 250 pesos además de una ración semanal medio carnero, pan, velas, azúcar, yerbas del Paraguay y jabón. Antes del año, sin embargo,  Eyzaguirre fue remplazado por Francisco Rondón, a quien sólo se le pagó 200 pesos al año.
Loreto contaba con un ingenio azucarero que el viajero francés Amadee Frezier nos lo describió con detallada memoria; la máquina contaba con un rodillo central que hacía girar los otros externos gracias a un sistema de piñones de hierro incluidos en la misma pieza que engranan unos contra otros. Estos rodillos, que giraban en sentido contrario, presionaban las cañas extrayendo el jugo que mediante un canal era conducido a las calderas donde se hacían hervir tres veces, agregándole jugo de limón y otros ingredientes. El resultado era un producto que se vertía en conos donde se cuajaba en grumos de un color marrón muy intenso, que se cubrían con cuatro o cinco pulgadas de tierra mojada, que se mantiene húmeda rociándola todos los días a fin de blanquearla y refinarla. Esta agua hacía que el jugo cayera gota a gota cuajándose en panes de color blanco. Esta actividad de molienda que se realizaba en la época de verano, alcanzó entre febrero de 1769 y enero de 1770 una producción de 769 arrobas y 4 libras de miel.
Debido a la actividad realizada en la hacienda, se construyó toda una infraestructura que estuvo a cargo del albañil Antonio Infanzón, el carpintero Pablo Valdiche y el herrero Pablo Gutiérrez. Comprendía éste la casa de pailas, la molienda y los hornos.
En las faenas ordinarias de campo Loreto contaba con 21 esclavos pero cuando entre los meses de abril y mayo se realizaba el plantío de las cañas se contrataban 45 peones que se contrataban entre pescadores del litoral e indígenas de las tierras altas, todos a cargo de un mayordomo. Los esclavos recibían como ración semanal charqui y maíz para su cotidiano y afroandino chicharrón. Según datos de la época entre 1768 y 1769 se consumieron en Loreto  243 arrobas de charqui y 232 de maíz. A los esclavos también “se les suministraba tabaco de Saña y se les proporcionaba ropa dos veces al año, para Corpus y Navidad, que confeccionaba el sastre Silvestre Alarcón, con telas del país en colores blanco y azul, que debieron ser los colores que identificaban a los esclavos de Loreto.”
Con el tiempo Loreto pasó por varias administraciones siendo una de ellas los padres del Gran Mariscal Domingo Nieto, por lo que no es descabellado afirmar que allí habría nacido nuestro Gran Mariscal. En algún momento de 1843 en las habitaciones de esta hacienda Nieto pasó unos días de descanso junto a algunos oficiales, contándose entre ellos a Ramón Castilla, futuro presidente del Perú.
Referencias
Adriazola, Edwin. Apuntes para una historia general de Ilo
Cavagnaro, Luís. Materiales para la historia de Tacna. Tomo IV

viernes, 29 de mayo de 2015

BREVE HISTORIA MARÍTIMA DE ILO (III)



A inicios del siglo XX el movimiento comercial de Ilo figura como uno de los más importantes; en 1902 importó mercaderías por valor de 3’009,376 y exportó 4’048,325, siendo las artículos de mayor relevancia algodón (3744 kilos), animales vivos (52 cabezas), cuero de res (30161 kilos), cuero al pelo (10820 kilos), cuero salado (7130 kilos), etc. De esto deja constancia  Rosendo Melo quien en su “Derrotero de la costa del Perú” (1906) señala que “la importancia comercial de Ilo puede juzgarse por su movimiento de exportación de uno o más años”. Sin embargo, la falta de facilidades portuarias le impedía brindar un servicio más amplio y efectivo por lo que el Código de Comercio de 1907 establecía que el puerto de Ilo era clasificado como puerto de forzoso despacho; en estos puertos (como en los de Eten, Pisco, Salaverry y Pacasmayo) la carga debía ser despachada inmediatamente una vez en tierra, “precisa y perentoriamente”.
Esto no impidió que nuestro puerto pierda su importancia comercial sino que, muy por el contrario, empezó a ubicarse como un punto estratégico en el sur del Perú. Baste decir que en 1914, con la intensión de mejorar las condiciones de Mollendo, el ingeniero holandés J. Kraus planteó la construcción de un ferrocarril que conecte a este puerto con el de Ilo, pues “este puerto posee un muelle de fierro y no parece difícil ni costoso darle mayores facilidades.” El inconveniente sin embargo fue el alto costo para la época: S/ 10 659,000.00 lo que impidió que este proyecto se haga realidad. Con el tiempo naves de mayor tonelaje de carga arribaban al puerto por lo que la Ley 7568 promulgada el 28 de octubre de 1932 hizo obligatorio el pilotaje y practicaje para las naves extranjeras mayores a 100 toneladas, contándose a Ilo entre los puertos en los que debía aplicar esta ley. Era evidente que tamaña actividad era difícil en un puerto con las características que tenía en muelle de Ilo, por lo que en 1949 se realizaron obras de ampliación que culminaron en 1952 con 22 metros adicionales, manteniendo el mismo ancho.
Convertido ya en un puerto importante, el Reglamento de Capitanías y de la Marina Mercante Nacional de 1951 delimitó la jurisdicción de la capitanía de Ilo señalando como tal el litoral marítimo desde Punta Yerba Buena por el norte hasta la Concordia (10 km al norte del FC Arica-La Paz por el sur) que comprendía las caletas de Chuza, Pacocha, Puerto Inglés. Ite y Sama. 
A partir de la década de 1950 las actividades minero metalúrgicas de la empresa Southern le da un nuevo e importante impulso a la actividad portuaria de Ilo, pues en 1955 el gobierno autorizó a esta empresa la construcción de un muelle de atraque para su servicio. Más adelante, en 1967 el gobierno de Fernando Belaunde expidió el DS Nº 318 H en el que aprobaba el contrato de construcción de un nuevo muelle con la firma inglesa Wimpey y Co. que fue puesto al servicio el 29 de mayo de 1970 operado por la Empresa Nacional de Puertos (Enapu Perú). Al tiempo fue incorporado al servicio marítimo el muelle multiboyas de la IPC para la descarga de combustible que en la actualidad administra Graña y Montero Terminales y el de iguales características de Tramarsa. En los últimos años se agregaron dos muelles más de la empresa Southern en el distrito de Pacocha, uno fijo y otro multiboyas para el manejo de combustible.
Pese a contar con siete muelles, la demanda de carga hace necesario la construcción de nuevos muelles en Ilo, lo que no haría sino reafirmar su vocación portuaria. La inversión debe hacerse y solo depende del gobierno impulsarla, convocando a la inversión privada para tal efecto. Curiosamente, como ocurrió en el siglo XIX, parece que será indispensable asociar esta oferta marítima y portuaria a la construcción de un sistema ferroviario de alta densidad de carga.