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domingo, 16 de marzo de 2014

FRANCESES EN ILO DURANTE LA COLONIA

     Jorge Juan y Antonio Ulloa, en sus ”Noticias Secretas de América”, afirmaban que Ilo fue construido por franceses quienes se encontraban "en el puerto de Ilo como si fuera puerto propio" y que desde allí "hacían su comercio libremente con los que bajaban de otras provincias." Por su parte Frezier escribía "en esto consiste la aldea de Ilo casi toda construida y habitada por franceses quienes desde hace 14 años han talado tal cantidad que los bosques se han alejado una legua del mar."
 
     La presencia de franceses se remonta a los últimos años del gobierno de Merchol Portocarrero Lasso de la Vega, Conde de la Monclova, XXIII Virrey del Perú, luego que España autorizara el comercio francés con sus colonias americanas. En 1700 el corregidor de Arica Juan de Mur y Aguirre, pese a la prohibición que tenían las autoridades coloniales, entró rápidamente en contacto con la primera expedición francesa dirigida por el capitán Beauchesne, logrando al parecer acuerdos favorables, pues la mayor parte de las mercaderías que llevaban se vendieron en los puertos de Arica e Ilo, donde casualmente Mur era corregidor. De acuerdo al historiador tacneño Luís Cavagnaro, Mur realizó con los franceses toda clase de negocios. Entre las tantas maneras de enriquecerse que tenía, figuraba la de cobrarles un porcentaje por las ventas realizadas, debiendo los compradores pagar otro tanto. Entre las naves francesas estaba el L'Aurore.

En agosto de 1703 el gobierno peruano otorgó un permiso especial al navío Saint Joseph para comerciar, pagando los derechos correspondientes. Gracias a esta autorización, llegó al puerto de Ilo el navío francés Saint Sprit, aunque las autoridades pusieron muchos reparos en su presencia. Con el tiempo la situación mejoró para los franceses. Hacia 1705 dos navíos procedentes de China estaban en el puerto, uno de 44 cañones comandado por el Teniente de Navío Raguiene Mereuil que cargaba y vendía seda y otro de 16 cañones comandado por el Sr. Bocage, con mercadería procedente de Amoy (Singapur).

Esta presencia fomento el comercio ilegal de mercaderías que se introducían con algunas complicidades hacia muchas ciudades del sur extendiéndose a zonas como Arica al extremo que el corregidor de dicho puerto Tomás de Alcocer y Cárdenas tomó acciones para combatirlo, recibiendo noticias desde las autoridades portuarias de Ilo  que señalaban que a inicios de 1724 había en la rada de la zona el navío de nombre Las Dos Coronas, con bandera francesa. En 1717 los navíos españoles Conquistador y Rubí capturaron hasta seis navíos franceses entre los puertos de Ilo y Arica, decomisando gran cantidad de mercaderías y tesoros. Utilizar el puerto de Ilo para contrabando perjudicaba el comercio de la zona sur, especialmente el de Arica por lo que el corregidor de aquel puerto Don Jorge de Negreiros ordenó a uno de sus tenientes construir un rancho o bahareque a modo de aduana o puesto de control, actitud que originó el rechazo de los franceses avecindados en Ilo, especialmente del capitán del navío Saint Charles, Mr. Guille, quien ordenó prender fuego a dicha construcción

Era muy difundida la creencia que los franceses habían fundado Ilo pues por mucho tiempo demostraron singular predilección por la rada de Pacocha. Y no falta razón. De acuerdo a las noticias que se tienen, el virrey Manuel Oms de Santa Pau, marqués de Castell dos Rius (1705-1710) otorgó  poder al francés Enrique Renaud y a un grupo de franceses para que funden el puerto de Pacocha y para que repueblen el pueblo de San Gerónimo de Ilo, que se encontraba abandonado debido a pestes de difteria, desintería, terciana y otras. Este virrey se interesó mucho por Ilo, y hasta permitió el comercio de contrabando por ese lugar, por lo que fue denunciado a la corte de España por los comerciantes de Lima (Luís Cavagnaro), razón por lo que fue destituido y detenido en Lima en 1719, año en que murió.

miércoles, 26 de febrero de 2014

OCURRIO HACE UN SIGLO

Hace un siglo era alcalde distrital de Ilo don Juan Pedro Vásquez, cuyo período se extendió desde abril de 1912 hasta setiembre de 1915. sucedió en el cargo a don Cayetano Garibaldi y fue remplazado al término de su mandato por don Alberto Malatesta.
En el mes de enero se puso a subasta pública la administración de los baños públicos ubicados frente a la playa del muelle, estableciéndose el costo de los mismos y las obligaciones del arrendatario.
En el mes de febrero el superintendente del ferrocarril de Ilo a Moquegua se quejaba del excesivo uso del agua en el riego de  los jardines públicos.
La Dirección General de Instrucción Pública dio a conocer en el mes de julio la necesidad de crear una escuela mixta en el pago de Algarrobal para atender a los niños y niñas del valle que por su lejanía no asistían a los colegios fiscalizados de Ilo.
En agosto se firma contrato con el gremio de panaderos para regular la venta del pan acordándose el peso y precio de este producto. El mismo mes se firma contrato con los comerciantes locales en el que se establecía el precio de los productos y las condiciones de comercialización.
En octubre don Eduardo L. Sothers se hizo cargo de la administración del ferrocarril.
En el mes de diciembre la Inspección de Instrucción de Moquegua programó para los días 17 y 18 la realización de los exámenes anuales de las escuelas fiscalizadas del puerto.
Diferentes quejas del vecindario se hacen contra el gremio de panaderos por no respetar el contrato firmado con el municipio que les obligaba a vender pan con  un peso de tres onzas y media.
El municipio suspendió por treinta días la licencia dada a don Temístocles Barrios para beneficiar ganado y vender carne a la población debido a que éste había incumplido en varias oportunidades el compromiso de venta de carne el acuerdo con el tratado firmado en el mes de agosto.
Se estableció el precio de la carne en 25 centavos bolivianos la libra de 16 onzas.
Se determino imponer una multa de cinco soles por día al comerciante de carne que deje de vender este  producto.
La harina sufrió un aumento de cincuenta centavos en su precio lo que obligó a la suba del precio del pan generando la protesta de la población y de la propia municipalidad. Al final la municipalidad autorizó el incremento en menor proporción a la aplicada por el gremio de panaderos.
El comerciante Pablo Liu solicitó el incremento en el precio de la manteca importada a sesenta centavos debido a  los costos de importación, aceptándose el mismo al encontrar razones justificadas.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

¿SABÍAS QUE..?


… mediante Ley del 10 de diciembre de 1895, el gobierno de don Nicolás de Piérola dispuso la creación de la primera comisaría de Policía de Ilo, bajo la dependencia de la Subprefectura de Moquegua, para lo cual se destinó la cantidad de mil cuatrocientos cuarenta soles que serían destinados a sueldo del Comisario y la gratificación de caballo, animal que se utilizaba para las respectivas rondas y transporte de la autoridad?
… en junio de 1893 surgió en el valle un brote de viruela, por lo que se adquirieron cincuenta tubitos de “fluiodo vacuno” para aplicarlos a los infectados lo que no impidió que esta infección se propague, decretándose la vacunación general obligando a los padres de familia para que concurran con sus niños a la municipalidad a fin de aplicarles la vacuna respectiva y se contrató al farmacéutico Eladio Zeferino Hurtado para que suministrase la vacuna, abonándole cinco soles mensuales?

en 1898 se produjo una epidemia de influenza que afectó a gran parte de la población especialmente a la gente desvalida de protección y que para tender a los afectados se contrató a don Eladio Zeferino Hurtado por la cantidad de doce soles y la municipalidad decretó la eliminación de todo perro que no contase con collar con el sello municipal?
… el 17 de marzo de 1913 se inauguró un pequeño jardín construido a la entrada del muelle, bautizado con el nombre de “Parque Billinghurst” en honor del mandatario en ejercicio don Guillermo Billinghurst, obra en la que el municipio de la época contribuyó con S/ 30,00?
 el 9 de abril de 1929, la municipalidad estrenó una adquisición moderna para la época: una máquina de escribir marca “Royal” código X-1232119, adquirida a un costo de 34 libras peruanas al contado y que la sola decisión de la compra de esta máquina produjo una discusión para definir si la compra debía hacerse al contado o en mensualidades?
… durante el gobierno municipal de don Rafael Vásquez (28 de agosto de 1930) la población asaltó las instalaciones de la municipalidad, sustrajo el retrato del presidente Augusto B. Leguía y lo destruyó en la calle luego que Luís M. Sánchez Cerro le diera golpe de Estado?
… el 9 de mayo de 1937 el concejo que dirigía don Alberto Wehrle aprobó la implementación del Sistema Métrico Decimal para todas las operaciones de compra y venta al público, tal como se establecía por ley, aunque el mismo entró en funcionamiento más tarde?
… en 1938 don Carmelo Choque presentó al concejo un presupuesto para la construcción de la pileta para la Plaza de Armas, obra que fue aceptada a un costo de S/ 200,00 y que se inauguró en noviembre de ese año?
… en 1943 existía una radio municipal que ofrecía anuncios y noticias a la población y cuyos parlantes se ubicaban en la plaza frente al mercado o recoba y que fue sustraído a fines de 1945?
el Banco Popular del Perú fue el primer banco comercial que funcionó en Ilo a fines de 1946?.

miércoles, 31 de julio de 2013

DE DÓNDE VIENEN LOS NOMBRES DE LAS CALLES DE ILO

     Cuando en 1870 se empezó a trazar la distribución de las cuadras de Ilo se dispuso también el nombre de las nuevas calles que la formarían. Los nombre han perdurado hasta la actualidad y ellos corresponden a hechos bélicos ocurridos durante los años iniciales de nuestra República. Es intención de este artículo hacer referencia a los mismos de manera breve.
 
La calle principal, 28 de julio, recibe el nombre de la fecha en la que se proclamó la independencia. Por su importancia en la historia peruana esta fecha fue asignada a la calle principal de ingreso al pueblo de Ilo. Hacia el sur, la calle 2 de mayo hace referencia al combate ocurrido en esa fecha en el año de 1866 en la que las defensas del Callao se enfrentaron a la escuadra española derrotándola y destruyendo el último intento de España de recuperar sus antiguas colonias americanas. En ese combate perdió la vida, entre otros, el ministro de guerra José Gálvez.
 
La calle Mirave toma nombre de la batalla del mismo nombre ocurrida durante la independencia el 22 de mayo de 1821. En esa fecha un destacamento del Ejército Libertador al mando del comandante Guillermo Miller se enfrentó a la tropa realista al mando del coronel José de la Hera en el pueblito de Mirave en Tacna con la victoria de los patriotas.
 
La calle Matará debe su nombre a la batalla de Corpahuaico, llamada también Matará, ocurrida en 3 de diciembre de 1824 entre los tropas del Ejército Unido Libertador del Perú que comandaba en ese momento el mariscal José de Sucre y el Ejército Real del Perú bajo el mando de Jerónimo Valdez, previo a la batalla de Ayacucho ocurrida seis días después. El encuentro ocurrió en la quebrada de Corpahuaico y benefició a las tropas realistas que al final del encuentro contó con 30 muertos, mientras que en las filas patriotas las bajas alcanzaron a 300 efectivos. 
 
Con dirección hacia el norte la calle Ayacucho toma el nombre de la gloriosa batalla que enfrentó a las tropas patriotas al mando de Sucre y realistas al mando del propio virrey La Serna  en la pampa de La Quinua el 9 de diciembre de 1824 y que resultó victoria patriota, después de la cual se firmó la Capitulación de Ayacucho que puso fin a la presencia española en América.
 
La batalla de Pichincha da nombre a la siguiente calle. En este hecho militar que corresponde a la independencia del Ecuador se enfrentaron el Ejercito Libertador al mando de Sucre y el Ejército de Su majestad al mando de general Melchor de Aymerich, en las faldas del volcán del mismo nombre, el 24 de mayo de 1822. La victoria de los patriotas permitió la independencia de las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito de donde surgió más adelante la república del Ecuador.
 
De Este a Oeste tenemos la calle Junín que es el nombre de la batalla del mismo nombre ocurrida el 6 de agosto de 1824 entre el ejército patriota dirigido por Simón Bolívar y el realista al mando del general José de Canterac. Esta fue la primera batalla patriota contra los españoles, en la qu , como dato curioso, solo se utilizó arma blanca.
 
La calle Callao está relacionada con el combate del mismo nombre ocurrido el 2 de mayo de 1866. Moquegua es el nombre de la batalla ocurrida durante la etapa de la emancipación el 21 de enero de 1823 en la que el Ejercito Libertador del Sur al mando de Rudecindo Alvarado fue derrotado por las tropas realistas dirigidas por José de Canterac, luego de lo cual el ejercito patriota se retiró hacia Ilo de donde se embarcó con destino al Callao con solo 1,500 efectivos de los 4,300 que tenía inicialmente.
 
La calle Zepita debe su nombre a la batalla ocurrida entre el ejército peruano al mando de Andrés de Santa Cruz y el ejército realista que se encontraba bajo las órdenes del general Jerónimo Valdez el 25 de agosto de 1823 a orillas del lago Titicaca en una llanura cercana al pueblito de Zepita y que fue un efímero triunfo peruano durante la llamada Campaña a Puertos Intermedios.
 
Finalmente la calle Abtao hace referencia al combate que tuvo lugar el 7 de febrero de 1866 entre la escuadra española y la escuadra aliada peruano-chilena organizada para frenar los intentos colonialistas de la Expedición Científica. Este combate antecedió al enfrentamiento final que se produjo frente al puerto del Callao en mayo del mismo año

martes, 16 de julio de 2013

LA ESCUELA PÚBLICA EN ILO A FINES DEL SIGLO XIX

     A fines del siglo XIX existían en Ilo una escuela de varones regentada por el profesor Manuel Borda y otra de niñas a cargo de la profesora Leila Mendoza ambas de administradas por el concejo  que tenía a su cargo el pago del alquiler del local, el sueldo de los preceptores, la implementación de los locales y la compra del material de enseñanza, lo que no siempre se realizaba con prontitud ni en la cantidad adecuada. Ambos docentes hicieron renuncia al cargo en abril de 1889. Ese mismo año el alcalde don Lucas Folch reunió a los alumnos en un colegio mixto nombrándose preceptor a Timoteo Vásquez. la idea ni tuvo acogida entre la población, por lo que se decidió crear una escuela de varones de la que se hizo cargo Vásquez y otra de niñas de la que fue responsable doña Celia Hurtado.
     Diversas inspecciones concluyeron que, mientras la escuela de niñas andaba sin mayores problemas, en la de varones se evidenciaba frecuente inasistencia responsabilizándose de esta situación al preceptor Vásquez. Los locales alquilados para ambas escuelas no contaban con los ambientes adecuados lo que obligó a buscar un nuevo local tomándose en alquiler una casa que pertenecía a la señora Josefa Morales.
     En estas escuelas los alumnos rendían dos exámenes semestrales, uno en el mes de julio y otro en el mes de diciembre o enero y se incentivaba a los padres a enviar a sus hijos a la escuela otorgándose algunos premios. Así por ejemplo, en 1891 se entregaron dos tipos de premios: uno de cinco soles al padre que más se hubiese distinguido en mandar a sus hijos a la escuela y seis en caso de las hijas y otro de seis soles para aquella madre que más diligente se hubiera mostrado por el adelanto de sus hijos y cinco al padre bajo las mismas condiciones. A los alumnos de mayor rendimiento se les entregaban menciones honoríficas, libros, cortes de vestido para niños y de lana para las niñas. La evaluación estaba a cargo de una Comisión Censora que publicaba a  los premiados y una Comisión Examinadora que evaluaba y entregaba los resultados finales. Estos exámenes eran públicos pues la distribuía invitaciones a todas las autoridades y personas notables para el día 28 de julio, fecha de la ceremonia del aniversario nacional que sería aprovechada para realizar la premiación correspondiente.
     La premiación era pues una ceremonia especial en la que se entonaba el Himno Nacional , se leía el Acta de la Independencia, se daban las palabras de rigor y se hacía público el resultado final con el que se procedía a premiar a los mejores alumnos.  En 1891 las niñas con mejores rendimientos fueron: sobresalientes Rosa A. Bonatti, Eulalia Juárez y Cristina Villalobos, a quienes se les entregó un corte de tela; Bueno: Jesús Cornejo, Rosa Maturana y Elena Leonardo, a quienes les correspondió textos de instrucción y dos cortes de tela. En la escuela de niños: Sobresalientes: Jesús Alponte, Esteban Hurtado, Lucas Salcedo y Patricio Ascaño, a quienes se les entregó un corte de vestido y menciones honoríficas: Bueno: José Gasco, Antonio Mendoza, Francisco Vásquez y Emiliano Hurtado, a quienes les correspondió un corte de vestido.
     Como el ausentismo era el problema más persistente, a fines del siglo XIX se publicó un bando  en el que se obligaba a los padres a enviar a sus hijos a la escuela imponiéndose una multa a los padre que incumpliesen esta ordenanza y se autorizó a la policía municipal a informar de quienes, estando en la obligación de asistir a la escuela, no lo hicieran. Varias eran las causas de estas ausencias, entre ellas la negativa de quienes tenían niños empleados, las condiciones del local escolar, la falta de útiles y la poca dedicación de los  preceptores como admitieron algunos padres consultados por la autoridad.
     Durante la gestión de Cayetano Garibaldi algo de esto intentó superarse pues se distribuyeron cuadernos, pizarra, tinteros y lapiceros con sus plumas para aliviar en algo esta carencia. Se reunió a los padres en una sesión en el concejo y se concluyó que el preceptor Vásquez no había contribuido a la mejora de la instrucción por lo que se decidió culminar su trabajo y remplazarlo por el párroco Francisco Javier Zúñiga en enero de 1894. Si esto ocurría con la escuela de varones, situación diferente se evidenciaba en la escuela de niñas, cuya asistencia diaria es regular y la preceptora no sólo se dedicaba a la enseñanza de la lectura y escritura sino también se consagraba a enseñarles pese a su exiguo el sueldo de quince soles.
     El trabajo de Zúñiga tampoco fue muy adecuado pues se le acusaba de descuido en sus labores tanto por su edad como pro sus obligaciones religiosas lo que obligó en más de una ocasión postergar los exámenes previstos. Un informe al respecto de enero de 1999 señalaba que el plantel de varones está mal regentado y que nada de adelanto se había manifestado con relación a la prueba final del año 1897 y que por lo tanto era necesario otorgarle un voto de censura de parte de la municipalidad. Distinta era la situación de la preceptora Juana Bonatti de la escuela de niñas a quien se le dio un voto de agradecimiento “por el aprovechamiento y notorio adelanto de sus pupilas manifestado en los últimos exámenes rendidos.”
     Todo esto condujo a la municipalidad a clausurar esta escuela hasta que se consiga un preceptor diplomado con mayores actitudes para confiarle el plantel de instrucción que venía regentando desde hace más de seis años el Sr. Zúñiga con atraso de la juventud.” El cargo salió a concurso y se fijaron carteles a efecto de comunicarlo, dando un plazo de treinta días de convocatoria. Al concurso se presentó Calixto Herrera y el propio Zúñiga quien se resistía a su cambio. El concejo conformó el Jurado Calificador que estuvo compuesto por Pedro Valle y Cristobal Marten. Esta comisión realizó la evaluación y presentó el 10 de julio su dictamen final. Expuesto éste en sesión de Concejo y habiendo escuchado la opinión de cada uno de sus integrantes, se decidió mantener como preceptor de la escuela de varones a Zúñiga y a Calixto Herrera como auxiliar, pero dividiéndose ambos el sueldo asignado diez soles, cinco a Zúñiga y los otros cinco divididos en S/ 2,50 para cada uno. Esto no  impidió que a inicios del siglo XX esta escuela se clausure definitivamente.

LA ACTIVIDAD MARÍTIMA DURANTE LA COLONIA

    Una de las bondades tenidas en cuenta para el asentamiento de los primeros españoles en el valle de Ilo fue no solo el propio valle sino también su fácil acceso al mar, una de las condiciones requeridas para el asentamiento de los primeros europeos en estas latitudes. El mar siempre fue un atractivo para los españoles en la zona de costa pues los mantenía de cierta manera en contacto con su país de origen y les permitió desarrollar una importante actividad portuaria, por lo que en este esquema Ilo no fue un puerto ausente.
     Ya en 1539 el español Juan Vallejo extendió en Arequipa una escritura el 21 de julio en la que otorgaba poder a Mizier Francisco para que pueda administrar sus intereses que tenía en el valle, y en especial “para que pueda cobrar la hacienda de mi navío o navíos en que venga, para que pueda vender, comprar y para que  pueda hacer y haga todo y cualesquiera cosas que a mí y a mi hacienda convengan y para que pueda tomar mi navío que se llama Saint Josepho y hacer de él todo lo que yo mismo puedo hacer." Vallejo tenía entre sus negocios la construcción y venta de embarcaciones; el 20 de noviembre del mismo año realiza en Arequipa un contrato de arrendamiento con los capitanes Pedro de Valdivia, Alonso Monroy, Cristobal de la Peña y Francisco Martínez "para llevar uno o dos navíos a la conquista de Chile a razón de 4000 pesos de oro el flete por cada uno." Esto no debe sorprendernos pues, de acuerdo a José Antonio del Busto, existía en Ilo un astillero debidamente implementado.
   La actividad marítima de Ilo fue creciendo con el tiempo debido al incremento de intereses comerciales y económicos en el sur, logrando su momento más importante a mediados del siglo XVIII, período en el que la actividad de los armadores estaba en pleno auge. En 1737 Juan del Toro compró el navío Nuestra Señora de La Aurora al general don Bernabé Philipe Aragón en la cantidad de 50 mil pesos. Con este barco se realizaban comercio de mercaderías como guano de isla, madera y aceite entre Pacocha y Arica y en varias oportunidades esclavos; el 15 de febrero del año siguiente, por ejemplo,  del Toro vendió al general mayor Joseph Carrillo, corregidor y justicia mayor de Moquegua 9 piezas de esclavos, 5 negros, 3 negras y un mulato de nombre Juan José, comprados  en Chile a don Gonzalo de Méndez, en el precio de 3,070 pesos.
    Otro de los armadores afincados en Ilo era don Juan Francisco Valverde, dueño de la fragata Nuestra Señora del Rosario, que hacía el recorrido entre los puertos y caletas del corregimiento de Arica transportando principalmente guano de isla. En 1751 Valverde realizó una travesía entre Arica y el Callao pero, al no tener el debido permiso para este tipo de negocios su nave fue embargada, por lo que se vio obligado a interponer una solicitud pidiendo que se le permita continuar su viaje con la finalidad de comerciar el guano que transportaba y pagar de esta manera la sanción impuesta, solicitud a la que las autoridades accedieron obligando el pago de una fianza o garantía. Valverde se vio obligado a hipotecar su propia nave y una hacienda de olivares que poseía en el valle de Ilo. (Luís Cavagnaro)
     El 26 de noviembre de 1757 el general don Felipe de Bustamante y Benavides, corregidor de su Majestad, vendió a don Enrique de Iglesias y en su nombre al Comisario General de la Caballería de Moquegua don Carlos Fernández de Castro, apoderado de Iglesias el navío Santa Gertrudis anclado en el puerto de Pacocha con tres velas, jarcias, anclas todos los demás pertrechos en siete mil pesos pagaderos en dos años.
     El 24 de diciembre de 1783 el capitán don Tomas del Alcázar y Padilla dueño del barco La Aurora surto en Pacocha y próximo a hacer viaje al Callao realizó un contrato de alquiler con el capitán Juan Bautista de Alaiza y don Marcelo Ribera para transportar una partida de aceite de oliva y otra de vinos hacia la ciudad de Lima a razón de dos pesos de a ocho reales cada pieza embarcada en dicho viaje y de allí realizar otro hacia Valparaíso, Iquique y Arica, regresando nuevamente a Pacocha como punto final de la travesía. En Arica recibió Alcázar el encargo de conducir hacia el Callao tres partidas de estaño pero al no poder continuar el viaje, encargó al maestre de su barco, don Nicolás Martínez, vecino de Ilo, para que culmine dicho encargo.
     Fácil es pues notar que la actividad marítima de Ilo fue muy dinámico, pues junto a Arica formaba lo que hoy se conoce como par portuario. Datos de la época señalan que cuando Arica se encontraba soportando fuerte actividad, los navíos se desplazaban hasta Pacocha, haciendo más fluida la actividad comercial. Durante la etapa de mayor explotación de la mina de Potosí parte del cargamento era dirigido hacia Ilo desde donde se embarcaba hacia el Callao. Los puntos de embarque eran la desembocadura del Osmore, el lugar más importante, y Yerba Buena hacia el norte, por donde se comerciaba principalmente guano de isla y en donde había un sencillo atracadero.

martes, 18 de junio de 2013

LA PRIMERA EXPANSION URBANA DE ILO


Desde 1870 se entregaron en Ilo los primeros títulos de propiedad de quienes fueron reubicados luego del terremoto de 1868. Muchos de los terrenos entregados no fueron ocupados inicialmente y estuvieron abandonados por largos años. Las construcciones, muchas de ellas alejadas del centro, demostraban la precariedad de sus ocupantes, con habitaciones de carrizo y algunas de barro. En el centro, sin embargo, empezaba a consolidar la nueva ciudad. Edificios de una y dos plantas empezaban a surgir. El adobe para las paredes, la madera para el piso, madera, caña y la torta de barro para el techo, el mojinete trunco o el techo plano, empezaban a vislumbrase como muestra de una población que no se rendía a los embates de la naturaleza. Las calles empedradas y simples senderos de tierra empezaban a dibujarse cada vez con mayor nitidez en este nuevo Ilo de inicios del siglo XX. La población sufría de un inadecuado abastecimiento del agua potable, alumbrado público casi inexistente y un pésimo  servicio de aseo público. El principal problema fue el de los terrenos no construidos ni cercados que se convertían rápidamente en muladares y focos infecciosos, por lo que en julio de 1925 el alcalde Luís Ghersi ordenó que los dueños de los sitios edifique o cerquen sus terrenos so pena de recibir una multa y hasta de perder sus lotes, encargando a los regidores Carlos Ostolaza y Ernesto Rodríguez el cumplimiento de esta disposición municipal.

En el primer cuarto de siglo la municipalidad recibió gran cantidad de solicitudes de terrenos con fines de construcción debido principalmente al elevado costo de los alquileres. En 1926 el concejo procedió a atender todas las solicitudes, pero don Pedro Valle interpuso recurso de nulidad a este procedimiento argumentando que no se había tenido la opinión del Delegado del Cuerpo Técnico de Tasaciones, tal como estipulaba la ley de aquel entonces. Aunque desde Lima se había designado para tal fin a un ingeniero de apellido Dallorto, su demora en arribar a Ilo perjudicaba la venta de terrenos por lo que se convocó a Valle para que, acompañado de Julián Maura y Ernesto Rodríguez, procedan a la tasación de sitios y realizar los cobros respectivos, solucionándose de esta manera el impasse y dando legalidad a la venta de terrenos.

A inicios de 1927 los primeros títulos fueron extendidos a los que tenían posesión y vivencia en el puerto y se procedió a la demarcación de terrenos de libre disposición de propiedad municipal. Aunque esto significo el primer intento por reordenar el naciente pueblo de Ilo, el proceso de titulación no estuvo libre de problemas. Solo por poner un ejemplo, don Armando Fernández Dávila, en enero de ese año 1927, solicitó reconocimiento de dos sitios en la calle Callao, adjudicados inicialmente a la señora Belisaria Vargas en 1871 y que hizo valer sus derechos con la certificación entrega por Pedro Valle. Es posible que contando con el apoyo de algunas autoridades locales o foráneas algunos hayan intentado apropiarse de terrenos de manera no muy legal, por lo que la autoridad municipal dejó claro que “debía procederse de acuerdo con los títulos que presente el interesado y que el delegado no tiene facultad para expedir certificados de propiedad” pues el riesgo de tener títulos entregados por dos comisiones distintas podía genera problemas posteriores.

En enero de 1929 el alcalde Juan Tidow comprendió que era importante contar con un plano de la ciudad por lo que se solicitó la presencia del ingeniero vial Dallorto, a fin que levante el plano de Ilo. Era sin embargo tal la presión por nuevos terrenos, que el concejo siguió asignando lotes, pues autorizó edificaciones hacia el norte de la ciudad, colocando como límite las últimas construcciones existentes en ella. Dallorto nunca llegó y se nombró en marzo de ese año al ingeniero Víctor Criado Menéndez al que se le encomendó demás los estudios para el establecimiento de agua y desagüe a la población. Para marzo del siguiente año, el trabajo de Criado Meléndez estaba prácticamente terminado; había demarcado los sitios y colocando la red de estacas de acuerdo a los planos, con la intención de que sean recubiertos de concreto para su mejor visualización. Finalmente, el 16 de junio, el Ministerio de Fomento aprobó el Plan Topográfico de Ilo que comprendía un área de 345,567.50 m2 con los linderos que siguen: por el Norte el río de Moquegua, por el Este y por el Sur con la línea del ferrocarril y por el Oeste con el Océano Pacifico. El trabajo de Víctor Criado no terminó con el plano sino que fue enviado nuevamente a Ilo para que formule el estudio de la urbanización de sitios fiscales de libre disponibilidad y proceder a su lotización, en base al plano ya aprobado, asignándosele un haber de ciento veinte libras peruanas.

En la década de 1940 la demanda de terrenos para la construcción de viviendas o negocios rebasó las posibilidades físicas de la municipalidad. El plano levantado por Criado había sido prácticamente desbordado y sólo quedaba abrir un nuevo frente urbano hacia el norte. Ilo crecía a pasos agigantados y obligaba a sus autoridades a ponerse en el mismo papel. La gestión de Antonio de la Flor encargó, entonces, realizar un nuevo plano sobre las futuras construcciones, encomendado para este trabajo al regidor Ernesto Rodríguez

A inicios de agosto de 1945, Rodríguez presentó el plano de la futura expansión, el cual fue aprobado, pero se dejó constancia expresa que, al realizar el levantamiento de los mismos, el ingeniero Víctor Criado Menéndez había variado la dirección de algunas calles. Efectivamente, el nuevo plano tomó otra dirección a partir de la calle Alfonso Ugarte, suprimiéndose las calles que llevaban los nombres de “La Rivera”, “La Marina” y “General Domingo Nieto”; de la misma forma se modificó la medida de las manzanas. El principal inconveniente de estos cambios fue que se alteró la ubicación de los terrenos que con anterioridad habían sido vendidos, de acuerdo con la ley Nº 4673. De esta manera, el margesí que se presentaba en aquella época y que fue aprobado por el Concejo, era “el único documento con el cual pueden ser ubicados los terrenos, de acuerdo con el plano que al efecto posee el concejo y que ha sido tomado como referencia del levantado por el ingeniero señor Víctor Criado.” En base a este trabajo, se encargó a Ernesto Rodríguez, en su calidad de perito delegado, realizar deslindes, mensuras y tasaciones de todos los lotes de terreno de propiedad municipal, tanto adjudicados como no adjudicados, a fin de poder entregar nuevos lotes y habilitar, de esta manera la nueva zona urbana de Ilo.

A partir de este proceso se produjo una inusitada avalancha de solicitudes de terrenos en las nuevas áreas abiertas, incluso antes de que los planos estuviesen concluidos. Así, en agosto de 1945, fueron varias las personas que solicitaban adjudicación de terrenos, especialmente en la calle Abtao, entre ellos, Manuel Tomasio, Ernesto Rodríguez, Humberto Cokting, Alfonso Fernández y Armando de Ferrari. En varios casos las persona requería de más de un terreno y otras lo hacían en nombre de terceros; así don Luís Díaz solicitó dos lotes para don Alfredo Diez Canceco y cinco lotes para él mismo; Atilio Jo pedía cinco lotes, para Humberto Ghersi se destinaron tres lotes solicitados por Luís Díaz y dos lotes para “Cánepa y Cía.” solicitados por el mismo Díaz.

En el mes de octubre se presentan nuevas solicitudes de terrenos: don Alberto Wehrle lo hacía a nombre de su esposa Julieta Vásquez, de sus hijas Alicia y Emma Wehrle y de su hijo político Enrique Renaud Vásquez, un lote para cada uno; don Luís E. Maura en nombre de doña Angela Barrios Espinoza, un lote y dos lotes para él; Eduardo Jiménez Gómez cinco lotes; Eduardo Gonzales López, dos lotes; don Carlos Hernán Zegarra dos lotes; doña Teófila López viuda de Gonzales, dos lotes… y paremos de contar. Presionado por la demanda de terreno, en julio del ’48 la municipalidad encargó al ingeniero Julio Loli levante planos para habilitación urbana entre la fábrica de conservas y la avenida Alfonso Ugarte. Sobre ellos el perito tasador y mensurador designado por el concejo procedió a la lotización y se le autorizó para que realice la marcación de las esquinas con el mismo ingeniero tomando como referencia el barrio viejo (es decir la zona de Ilo que culminaba a la altura de la calle Alfonso Ugarte). El 10 de setiembre de 1948 se comisionó al inspector de sitios de la gestión de Ghersi, don Alberto Wehrle, para que estudie la apertura de la calle de Abtao en el punto Este de la población, formulando las bases respectivas y se convoque postores para la obra citada.