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lunes, 20 de abril de 2015

EL APORTE CHINO



Desde finales de la década de 1840 empezaron a llegar al Perú los primeros inmigrantes chinos procedentes de Macao, iniciando un comercio que buscaba cubrir la demanda de mano de obra surgida luego del boom del guano como en las haciendas de azúcar. Hasta finales del siglo XIX los “culíes” estuvieron en condiciones tan inhumanas que calificar su situación de esclavitud no hace sino graficas el maltrato del que fueron objeto.
Culminado su contrato de trabajo, los orientales se dedicaron al trabajo por su cuenta en bodegas y restaurantes de comida china a la que empezó a llamarse chifa, término derivado de “chaufán” (comer comida). Con el tiempo las posteriores migraciones fueron distribuyéndose en todo el territorio nacional, especialmente en los puertos a donde llegaban animados por familiares y amigos llegados con anterioridad y las condiciones que vivía la propia China. Casados con peruanas pronto incorporaron a la cultura nacional nuevos elementos que son en la actualidad parte de la identidad nacional.
Ilo no fue la excepción. Desde fines del siglo XIX llegaron a nuestro puerto migrantes orientales que muy pronto se convirtieron en una comunidad importante e influyente dedicada prioritariamente al comercio. Debido a su éxito comercial, lograron alcanzar una  posición social y económica que les permitió incursionar en otros espacios, principalmente en la cultura.  Don Juan Kocchiu, por ejemplo, llegó al Perú en 1885 junto a sus hijos Alejandro y Ricardo, éste último radicado en Moquegua se dedicó como muchos otros al comercio entre Moquegua y Tacna.
En el tema de la educación no hay que olvidar que fue esta colonia la que el 2 de abril de 1923 entregó en ceremonia pública la escuela de varones ubicada en la esquina de la Plaza de armas que luego se denominaría 974. Y que doña Tarcila Ley era una de las maestras que a inicios del siglo XX enseñaba las primeras letras en su casa de la calle Pichincha. Y que, solo como ejemplo, don Humberto Kocting Ampuero dirigía uno de los primeros periódicos que tuvo Ilo, “El Porteño” y puso en funcionamiento el primer cine de una cadena que desarrolló con elk tiempo.
Fue sin embargo en el campo comercial que la colonia china logró las mayores satisfacciones En la primera mitad del siglo XX entre las firmas quie tenían representación en Ilo estaban “Vo King y Cía.”, “Pow Lam Long y Cía.”, “Pon Bang y Cía.” cuyo representante era Pablo Liu. Un rasgo característico es que muchos de estos negocios estaban ubicados en las esquinas, lo que era comercialmente una gran ventaja, si no veamos: Moisés Lem Vong, Domingo Koc Wasing, Manuel Hu Ting López, Aurelio Jo, Mario Koc, Manuel Fu Sen, Manuel Koc Huen, Maximo Loo Ven, Alberto Lao Sun, Pablo Liu, Aurelio Chu Sayan y José Lam Tay. Quizá de allí nació la frase “El chino de la esquina”. Curiosamente todos estos negocios estaban en la calle Zepita, que debió llamarse con más propiedad la “Calle de los chinos”.
Hubieron otros negocios como los de Yan Leo, Andrés Kuong, Santiago Lau que manejaba una tienda y un grifo, José Koctong y su famosa ferretería del mismo apellido en al calle Ayacucho, Manuel Cam, Alfredo Lao Ki, y pare de contar.
Muchos invirtieron en la agricultura especialmente en la del olivo. Solo por mencionar algunos ejemplos la familia Kocchiu era dueña de Mostazal de arriba y Mostazal de abajo; Santiago Kocting era hasta donde se sabe dueño de la hacienda Chiribaya y don Francisco Kuong lo era de la hacienda Pocoma que además producía el agua de mesa del mismo nombre.
La tranquilidad económica alcanzada por la colonia permitió  a muchas familias chinas acceder a mejores expectativas de vida, pudiendo enviar a sus hijos e hijas a cursar estudios en lugares distantes tales como Arequipa o Lima; algunas hijas desarrollaron aficiones artísticas, tanto en la pintura como en la música y la artesanía. En su afán por conservar sus orígenes y mantener su identidad cultural, la colonia creó el Club Tusan que tuvo como su principal impulsor a don Santiago Kocting quien además donó el l terreno para el Club de Leones de Ilo.
Una curiosidad final: del apellido Koc se derivan otros apellidos como Kocton, Koctong, KocLem, Kocchiu. El apellido original era KUOC y luego se castellanizó en Koc, tal como lo conocemos hoy.
Agradecimiento especial a don Jorge Kocchinfoc y a Roberto Tito Kocchiu por los datos y las fotos compartidas.

miércoles, 1 de abril de 2015

LOS ESPIAS: UN RECUERDO IMBORRABLE




Después de muchos años tuve la oportunidad de rencontrarme con amigos y amigas con los cuales compartí momentos de mi adolescencia y juventud. La reunión que nos permitió este reencuentro tuvo un agregado: la presentación de "Los espías", el grupo musical que marcó gran parte de nuestra vida escolar, de las fiestas, de los quinceañeros, de los bailes de promoción, los matrimonios y de muchos enamoramientos de la época.
Los inicios de esta agrupación icónica de Ilo tuvo su antecedente en el club juvenil musical y artístico "The spy" formada inicialmente en casa de la familia Lévano, y que de alguna manera agrupaba a Orlando Dávila (Hamper), Jorge Manchego, Saúl Dávila, Alberto Ficher, entro otros. Con el tiempo se dio forma a un grupo musical en el que Guido Rosado era la primera guitarra, Percy Lévano tocaba el bajo, Jorge Manchego era el vocalista y Hamper tenía a su cargo la segunda guitarra. Varios fueron quienes integraron "Los espías" a través del tiempo; fue el propio Hamper quien me facilitó el nombre de algunos de ellos, entre quienes recuerdo a Jorge Ticona, Edwin Barreda, Hugo "Chalán" Lajo, Toño Mollo, Fredy Ataucuri (el popular Choc Choc), Obdulio Gómez, Perico Bolaños, Lelo y Beto Jo, Hugo "Chivas" Gamero, Andrés Angulo, etc.
No fue fácil para los muchachos de aquella época construir un conjunto y mantenerlo; pero fue su interés por la música y el apoyo que les brindaban los amigos y benefactores que pudieron con el tiempo hacerse de algunos instrumentos, después de tocar en algunas presentaciones con equipos prestados. Recurrieron incluso al ingenio para hacerse de instrumentos musicales, como cuando construyeron artesanalmente una batería a la que bautizaron TEPSA la que tocaban con baquetas de olivo.
"Los espías" tuvieron su momento de fama llegando a tocar en Moquegua, Toquepala y Cuajone, Tacna y eran infaltables en cuanta fiesta se organizaba en Ilo de aquel entonces. Creo que fue la época de oro de los grupos musicales pues junto a ello tocaban también "Los átomos" de Ilo (en donde figuraban Lelo Jo y su hermano Alberto, Hugo Gamero, Víctor Dávila, Lolín Chirinos, Lucho Mendoza, etc.), "Los Teishcos" y "Los Escorpio" de Moquegua, "Los graduados" de Tacna y "Sacramento" de Arequipa.
Debido a diversas circunstancias sus miembros fueron dejando la agrupación siendo remplazados por otros hasta desintegrarse a mediados de la década de 1970. Aunque tocaban música diversa, lo que los hizo famosos y recordados fue el rock con música de Huriah Heep, Led Zepellin,  Santana,  Black Sabbath y Rolling Stones, "música del demonio" como decía las abuelas no sin escandalizarse,
El referente del conjunto siempre fue Orlando Dávila aun después de desintegrarse; de alguna manera  mantuvo en el imaginario de aquella generación a "Los espías" como una época imborrable. Y hubieron  oportunidades en que, en reunión de amigos, ya casados, con trabajo y sólo por amor al arte y con mucho de nostalgia, se congregaban en alguna reunión y recordaban  aquellas épocas tocando los temas que los hicieron famosos, si por famoso puede entenderse el hecho que los amigos no los han olvidado y disfrutan de la música que en el siglo pasado el conjunto interpretaba.
El 31 de enero de este año, los vimos nuevamente en el escenario como cuando teníamos 13 o 16 años. Ahora Hamper era el vocalista. Solo tuve que cerrar los ojos un momento y recordar aquella época de estudiante en el Becerra, las fiestas en el Tusan, las veladas literarias o las actuaciones en las que se presentaban como número de fondo. La música era la misma, en especial "July morning" de Huriah Heep. Y pensé que, como los grandes, "Los espías" no habían pasado: se habían quedado en el recuerdo de una adolescencia y juventud agradables.

sábado, 8 de noviembre de 2014

EXAMENES LOS DE ANTES



En mayo de 1891 el Concejo Distrital de Ilo, responsable de la educación, comunicó a los preceptores la obligación que tenían los alumnos de rendir dos exámenes semestrales, fijados uno el 27 de julio y otro en diciembre. Para este primer examen la municipalidad distrital de Ilo dispuso que el inspector de educación, don Pedro Valle, distribuyera material de instrucción a los alumnos más pobres y destinó S/ 25,00 para adquirir premio, menciones honoríficas, textos y ropa para los más necesitados.
En la sesión del 12 de junio, los miembros de la municipalidad dio inicio a la planificación de dichos exámenes: se acordó entregar treinta menciones honoríficas a los mejores alumnos, seis textos de aritmética del matemático piurano García Godos, veinte textos adquiridos en Moquegua, 8 cortes de vestido para niños y 8 de lana para niñas. Ese mismo día se formaron dos comisiones: la Comisión Censora, integrada por el alcalde, los dos síndicos y el inspector del ramo, Pedro Valle, cuya función era identificar a los principales alumnos y alumnas en base al cuadro de méritos y la Comisión Examinadora, conformada por dos municipales y dos padres de familia, cuya función era aplicar el examen y entregar el cuadro de méritos a la comisión anterior. Pero en esta sesión hizo algo más: acordó entregar un premio de cinco soles al padre que más se hubiese distinguido en mandar a sus hijos a la escuela y seis al padre que se hubiese procedido igual con sus hijas.
El 19 de julio se aprobó el rol de exámenes: el día 25 estaba dedicado a las niñas, el 26 a la escuela particular y el 27 a los niños, y se estableció un premio de seis soles para aquella madre que más diligente se hubiera mostrado por el adelanto de sus hijos y cinco al padre bajo las mismas condiciones. Ya fijada la fecha, el municipio envió invitaciones a todas las autoridades y personas notables para el día 28 de julio, fecha de la ceremonia del aniversario nacional, que sería aprovechada para realizar la premiación correspondiente.
El día de la evaluación, en este caso el 27, cada alumno extraía una balota y debía desarrollar el tema que en ella se señalaba. Por varias horas el jurado escuchaba con mucha atención las explicaciones y respuestas, generalmente memoristas, tal como era en aquel entonces, la educación nacional. Culminada la jornada, la comisión procedía a establecer el ranking de los alumnos y entregaba finalmente los resultados finales. Al día siguiente, en el local de la municipalidad, se leyó el Acta de la Independencia Nacional, se entonó el Himno Nacional y se leyó el Discurso de Orden. Luego de ello el alcalde don Armando de la Flor procedió a la entrega de los premios correspondientes, en base al Orden de Méritos alcanzados.
En el grupo de niñas fueron calificadas como Sobresalientes Rosa A. Bonatti, Eulalia Juárez y Cristina Villalobos, a quienes se les entregó un corte de tela; calificadas como Bueno: Jesús Cornejo, Rosa Maturana y Elena Leonardo, a quienes les correspondió textos de instrucción y dos cortes de tela.
En el grupo de los niños, fueron Sobresalientes Jesús Alponte, Esteban Hurtado, Lucas Salcedo y Patricio Ascaño, a quienes se les entregó un corte de vestido y menciones honoríficas y Bueno: José Gasco, Antonio Mendoza, Francisco Vásquez y Emiliano Hurtado, a quienes les correspondió un corte de vestido.
En la escuela particular, el cuadro de méritos estuvo compuesto de la siguiente manera: Sobresaliente: Agueda Helfer, Julia Palomares, Raquel Tizón y Dolores Suero, entregándoseles dos cortes de vestido, diploma y textos de enseñanza; fueron calificados de Bueno: Saturnino Helfer y Delfina Palomares, a quienes les correspondió diploma y textos escolares.